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As mulleres celtas

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As mulleres celtas

Mensaje por Adriacetorix el Jue Abr 30, 2009 10:01 pm




(MUJER CELTA)

La mujer guerrera

En no pocas ocasiones luchamos al lado de hombres o salíamos de caza con ellos o sin ellos.

Siendo en no menos veces instructoras en Artes de Guerra, como nos brinda la leyenda de Cuchulainn que fue adiestrado por Scathach o Scatagh que moraba en la Tierra de las Sombras o Isla de Skye y enseñaba a los héroes jóvenes que la visitaban, artes variadas, como hechizos para la lucha y estrategias combativas.

La leyenda cuenta como Cuchulainn halló a muchos hijos de príncipes celtas irlandeses que eran sus alumnos, para aprendeer de ella el Arte de la Guerra.

Posteriormente, el héroe irlandés luchó contra otra guerrera, hermana enemistada de Scatagh, llamada Aiffé, una terrible luchadora, venciéndola.

Igualmente, se podrían mencionar a las diosas guerreras de todo el panteón céltico, como La Morrigan, Macha, Badb o Medb de Connacht.


En una parte de esa leyenda, registrada en el Libro del Táin Bó Cuailgne (El robo del toro de Cooley) que por otra parte es una de los libros principales de la literatura medieval irlandesa, hay una discusión en el lecho entre esta reina irlandesa y su último rey-esposo Aillil, donde se explica la relación que había entre éste y Medb, la reina.

Ella era quien lo había elegido y no él a ella; Medb era la reina del país y, antes de Aillil, dos hombres llegaron a ser reyes por su matrimonio con ella, y sólo matando al segundo en combate, se convirtió en el tercer esposo y rey.

Maeve o Medb es la reina guerrera de Connacht que inicia la guerra contra el Ulster, para conseguir el famoso toro de los Ulates. Junto a él conserva Medb otros hombres, a los que otorga la “amistad del muslo”

También existen otras leyendas sobre mujeres guerreras como la de la guerrera campeona Criedne, entre los rudos Fianna, que fue una de las muchas, pero poco conocidas “banfennid”.

Cuando hombres y mujeres abandonaban la Tuatha, por quedar proscritos, por vivir lejos de todos o simplemente por buscar aventuras se asociaban a la “Fennidecht”.

Un “Fennid” era un fuera de la ley y dentro del ciclo llamado Ossiánico, se nos cuenta las aventuras y desventuras de sus máximos personajes como el ya conocido Fionn Mac Cumhall, que aparece como “Rigfennid” (jefe Fennnid), es decir, jefe de los proscritos.

O se podría también mencionar a “Nessa” la bannfenid, madre del conocido Conchobar Mac Nessa, quien prefirió tomar el nombre de su madre (Mac Nessa, hijo de Nessa - Ness-Assa)

Podríamos relatar la leyenda de Mis, la denominada muchacha-fiera, otra bannfennid, o hablar del combate entre Cormac Mac Art y la guerrera Coinchend Cenfada hija de “Conchruth Cabeza Roja y de Coinchiud Cabeza de Perro.

O la campeona Estiu que aparece en las “Aventuras de Suibhne Geilt”, un romance del medievo irlandés.

O según las leyendas irlandesas el 67ª rey, en este caso reina, también guerrera de Irlanda entre 377 y 331 antes de la Era Común. Hija de “Aed Ruadh”, fue llamada Macha la del pelo Rojo o “Macha Mong Ruadh”.


Si rebuscamos en las leyendas, seguramente aparecerán otras mujeres que tuvieron como oficio o se vieron obligadas a tomar las armas.

Pero dejando a parte la leyenda, a este respecto, podemos citar relatos de antiguos enemigos de los celtas, cuando hablaron del arrojo en combate de esas mujeres.


Mujeres que en la guerra precedían a los hombres en la lucha, a veces como fieras desnudas gritando y aullando, haciendo sonar diversos utensilios e insultando al enemigo con palabras hirientes, empuñando teas e imitando a la diosa guerrera “La Morrigan” con sus hechizos para la victoria.

Y si era preciso, mostrando sus nalgas como ademán despectivo al enemigo, al puro estilo celta.

Y si iniciada la lucha, el hombre que a su lado estaba, caía herido o muertos por las armas enemigas, ella lo reemplazaba.

Así nos cuenta Amiano Marcelino, militar romano de origen griego, buen conocedor de la literatura clásica (330-395 de la Era Común), sobre la mujer celta lo siguiente

“El cuello hinchado, los dientes rechinantes y blandiendo los enormes brazos cetrinos…, daba puñetazos a la par que patadas, como si fueran los proyectiles de una catapulta”.

En otra parte hace referencia a su coraje.

“Una patrulla entera de extranjeros, no podría resistir el ataque de un sólo galo, si este se hiciera acompañar y ayudar por su esposa.

Estas mujeres son, generalmente, fortísimas, tienen los ojos azules, y cuando se encolerizan hacen rechinar los dientes, y moviendo los fuertes y blancos brazos comienzan a propinar formidables puñetazos, acompañados de terribles patadas”.
Publio Cornelio Tácito, historiador romano, en su relato de la toma de la isla de Mona, que significa isla de la enseñanza (Anglesey, Môn, Gales) santuario druídico, que fue atacado por el romano Suetonio Paulino, que invadió, mató a los druidas hombres o mujeres y acto seguido taló toda la isla que era un bosque enorme, pues Tácito menciona a las celtas que allí había, como “desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas”.

Y también dice en sus “Anales”, refiriéndose a Boudicca, que no era la primera vez que los britanos eran conducidos a la batalla por una mujer.

Y aunque las citas de Julio César no me entusiasmen por su partidismo descarado, adjunto ésta, puesto que aún siendo de un enemigo de los Celtas, puede ser tenida en cuenta; “Una hembra celta iracunda es una fuerza peligrosa a la que hay que temer, ya que no es raro que luchen a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos.

Plutarco cuenta que en la batalla de Aix-en-Provence (102 antes de la E. Común), que se entabló entre las tropas de César y la de los celtas de la región, las mujeres galas resultaron ser unas decididas guerreras.

Armadas con espadas y hachas, eructando de cólera, se arrojaban sobre el enemigo romano y sobre el galo que huía, para obligarle a combatir.


Nos relata también una significativa historia de algunos jefes galos, de la tribu de los volcas tectósagos, firmando un pacto con las tropas cartaginesas de Aníbal cuando éste atravesó la Galia, camino de Roma.

Una cláusula estipulaba que, en caso de agravio de los galos contra los cartagineses, los gobernadores cartagineses serían los jueces, pero si el agravio era de los cartagineses contra los galos, serían las mujeres galas las que lo juzgaran.

Plutarco, en su tratado de virtudes femeninas, cuenta varias anécdotas sobre mujeres celtas.

Una mujer celta de nombre Kinimara o Chiomara, esposa de Ortagion de los celtas tolistoboios, entre los celtas gálatas fue capturada por los romanos y un centurión la violó.

Una vez liberada tras un rescate. Al informarle a su marido que había sido ultrajada y violada, le presentó al mismo tiempo la cabeza del romano violador.

El historiador griego, pero admirador de Roma y a su servicio; Apiano, cuenta como el general romano Décimo Junio Bruto el año 136 a. de la Era Común “marchó contra los de Braga… (bracarenses, en la zona de Galicia), que son una gente en la que también las mujeres hicieron armas… y combatieron, y murieron valerosamente y mataban a sus hijos con sus propias manos… prefiriendo la muerte a la deshonra”.

El geógrafo Estrabón, refiriéndose a las tribus que habitan el Norte de la Península Ibérica, habla de su valor, tanto de las mujeres como de los hombres, comparando, de manera explícita, a las mujeres de esa región con las mujeres de los escitas, que eran guerreras.
También existe constancia de la guerrera celta Onomaris, que al parecer luchó contra Ilirios por los Balcanes, estableciendo algún asentamiento como Singidunum( actual Belgrado) y posteriormente encabezando una marcha hacia las tierras de la península ibérica.


Cuando algunos celtas britanos fueron llevados a Roma como cautivos, durante el reinado del Emperador Claudio, ellos automáticamente asumieron que su esposa, la joven Agripina, era la dirigente, ignorando al Emperador y ofreciéndole su sumisión a ella.


Y reseñar, a las ya conocidas y famosas Castimandua y Boudicca.
En año 51 de la Era Común, la reina de los brigantes, Castimandua, cuyo reino era un protectorado de Roma, envió a los romanos, a Caratacos o Caradoc o en galés Caradawc preso.

Este era el caudillo de la coalición de las tribus de los silures, atrebates y trinobantes, que dirigía junto a su hermano Togodumnos, hijos ambos de Cunobelinos o Cynfelyn en galés, que se habían rebelado contra Roma, y que tras ser vencido por los romanos había huido hacia el Norte, hacia el reino de Castimandua.

Más tarde, Venutio, consorte de Cartimandua, que también era de la nobleza, encabezó una revuelta contra la reina y exconsorte, para apoderarse del trono, estallando una guerra tribal entre los aliados de los romanos de Cartimandua y los contrarios a las alianzas con los romanos de Venutio.

De nuevo recurrió la reina a sus amigos imperiales, con la ayuda de los cuales, pudo mantener el liderazgo y la jerarquía. Posteriormente se casó de nuevo, con su escudero Velocatos, produciéndose una nueva rebelión contra ella, dadas sus argucias y teniendo que ser rescatada de nuevo por sus aliados romanos.

Boadicea la Victoriosa, fue Reina de la tribu de Iceni tribu localizada por el Norfolk de la actual Inglaterra.

Al contrario que Castimandua, no fue amiga de los romanos. Encabezando una rebelión entre 80.000 y 100.000 guerreros y sus dos hijas, en el año 60 antes de la Era Común, contra estos, destruyendo las ciudades de Camulodunum (Colchester Verulamium), (St. Albans) y capturando Londinium (Londres).

Exterminando de paso a la llamada IX legión hispana Finalmente fue derrotada por los romanos, y en lugar de ser humillada por ellos, se envenenó.


En cualquier caso, se debe suponer que no son los únicos casos pues arqueológicamente está comprobado que en las tumbas de mujeres celtas se han hallado ajuares y gran cantidad de armas y armaduras.

Todo indica que hubo mujeres guerreras celtas a pesar de los intentos posteriores, como del que se tiene constancia por impedir a las mujeres tomar parte activa en la guerra.

Esto ocurrió con una ley del año 590 de la Era Común, en el sínodo de “Druim Ceat”.
Sin embargo, no pudo llevarse a cabo al negarse las mujeres a cumplirla y abandonar sus armas.
Las conquistas romanas y la inmersión en su mentalidad por parte de casi todos los pueblos celtas, excepción hecha de Irlanda y las altas Tierras Escocesas, se perdió considerable y notablemente la visión particular que se tenía de la mujer, no solo ya, en sus aptitudes guerreras, sino como ser viviente.

Los romanos, en su mayoría consideraban a la mujer como portadora de niños o simples objetos de placer.

Como mucho, se la tenía en cuenta como ser capaz de dar continuidad a la “gens” romana.

Sin embargo, y decididamente, la función de la mujer como guerrera ya con la cristianización, perdió toda su importancia, y le fue arrebatada esa posibilidad.

Aunque, claro está no sólo como guerrera vió mermada sus aptitudes.


La mujer en el mundo celta:

Eramos mucho mejor consideradas que en otras sociedades antiguas. Teníamos acceso a la propiedad y a la herencia, y más en ausencia de descendencia masculina.
Las fuentes clásicas se muestran sorprendidas por la independencia y libertad de las mujeres celtas.

Tácito explica como a los hombres celtas no les importaba ser conducidos por mujeres y conocemos los casos de reinas como Boudicca o Cartimandua, reinas de los icenos y los brigantes respectivamente. Así como la reina Medb, en la epopeya de Tain Bó Cuailnge.

La mujer celta solía acompañar a sus hombres a la batalla, es más, a menudo demostraban una furia comparable e incluso superior a éstos.

César, en la guerra de las Galias, lo menciona así: “Una hembra celta iracunda, es más temible incluso que un riastradth (estado en que los guerreros keltoi acudían a la batalla, similar al bersecker vikingo), pues se muestra más fiera e indomable que éstos…”.

Costumbres

Las mujeres celtas tenían un desarrollado gusto por la coquetería. Llevaban sus cabelleras trenzadas, usaban muchos adornos y hasta cosían pequeñas campanillas en sus ropas a fin de llamar la atención.

Se maquillaban con una hierba llamada “ruan” y con jugo de bayas.
Pero estas misma mujeres, mantenían una estrecha relación con los hombres de la tribu, trabajaban desde su niñez y aprendían en manejo de las armas a corta edad.

Debido a su vida de viajeras, estaban preparadas para el combate y para defenderse tanto de serpientes como de osos.

Ammanianus Mercellinus, comentarista romano dijo sobre las mujeres celtas: “Unas lobas en celo no lucharían tan rabiosamente para proteger a su camada como ellas…”.
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